Curso de Lingüística General; Ferdinand Saussure Capítulo II

Capítulo II

La lingüística acoge como materia “todas las manifestaciones del lenguaje humano”, que son todas aquellas formas de expresión dadas en el espacio y en el tiempo. Además, la lingüística debe remitirse a los textos escritos como único modo de llegar a aquellas formas de expresión emitidas en el pasado.

Su tarea es la de la descripción de las lenguas y el análisis de su historia, interesándose por la historia de las familias de las lenguas y la recuperación de las lenguas madre. También ha de crear las leyes generales que afectan al lenguaje, al igual que definirse y establecer sus propios límites.

Por otro lado mantiene relaciones con otras ciencias, como con la psicología, pues el punto de partida de la expresión en el lenguaje es meramente psicológico, y en tanto, se pregunta el autor si es la lengua psicología o no. Hay ciencias relacionadas con la legua, de las que pide aclaraciones que no recibe (ej: fisiología) y otras con las que no comparte su objeto de estudio, con lo que no mantiene relación alguna.

La utilidad de la lingüística es evidente para todo aquel que se relacione con los textos y, además, es un elemento importante dentro del conocimiento cultural general.

Igualmente, la lingüística debe desechar las ideas incorrectas y absurdas que habitualmente surgen en su seno.

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Curso de lingüística general, de Ferdinand de Saussure Capítulo I

El estudio de los “hechos de la lengua” ha vivido tres períodos distintos a lo largo del tiempo:

En un primer período se fundó en una base lógica, carente de cualquier tipo de valoración científica, lo cual reducía su espacio de trabajo. Adoptó el nombre de gramática, y se ocupó de establecer una serie de reglas que distinguieran lo correcto de lo incorrecto.

La segunda etapa corresponde a la de la filología, materia de esencia científica que se centra en “fijar, interpretar y comentar los textos”, abordando a su vez sus relaciones con la historia y la humanidad. Utiliza un método crítico, y si entra en la lingüística es para comparar textos separados en el tiempo, creando así la lingüística histórica. Su error radica en que antepone la lengua escrita a la lengua viva.

La tercera fase es la de la gramática comparada o filología comparativa. Dentro de este campo destaca el nombre de Franz Bopp, quien trabajó las relaciones del sánscrito con diferentes lenguas antiguas, advirtiendo que esto mismo podía componer una ciencia independiente basada en comprender una lengua a través de otra. En este terreno fue vital el descubrimiento del sánscrito, anterior a lenguas como el griego o el latín, lo que daba la posibilidad de apreciar su evolución.

Aparecieron después otros lingüistas entre los que destacaron Max Müller por sus razonamientos, Georg Curtius por su mediación entre la gramática comparada y la filología clásica, y sobre todo August Schleicher, el cual se preocupó de sistematizar los resultados obtenidos. Sin embargo, estos estudiosos no crearon una ciencia, pues no fijaron un objeto de estudio, y consecuentemente, carecían de método alguno. Así pues, sus investigaciones no seguían un rumbo determinado; ejemplo de ello es la comparación que Schleicher realizaba entre lenguas según su el aspecto de las palabras, sin tener en cuenta su peso gramatical. Ésto supuso resultados erróneos, que, por otro lado, nos evitan repetir la incorrección en el estudio.

La llegada de la lingüística, que se ocupa de “las condiciones de vida de las lenguas”, situó a la comparación como una mera herramienta de trabajo. Romanistas, apoyados en el latín y en los documentos conservados, y germanistas, sólo ayudados por estos últimos, condujeron a la lingüística hacia su objetivo, obteniendo nuevas conclusiones. Finalmente, la nueva escuela de los Neogramáticos situó a la lingüística en “perspectiva histórica”.

A pesar de toda esta evolución en el estudio de la lengua no se han resuelto las incógnitas más básicas.

La Lingüística para Beneficio de Toda Criatura